(Pistis Sophia)
Jesús asciende a los cielos y desciende de ellos para adoctrinar a sus discípulos
I 1.
Cuando resucitó de entre los muertos, Jesús pasó once
años hablando con sus discípulos.
2. Y les enseñaba
hasta los lugares, no solamente de los primeros preceptos, y hasta los
lugares del primer misterio, del que está en el interior de los
velos, en el interior del primer precepto, que es él mismo el veinticuatro
misterio, sino que también las cosas que se hallan más allá,
en el segundo lugar del segundo misterio, que está antes que todos
los misterios.
3. Y Jesús
dijo a sus discípulos: He venido de ese primer misterio, que es
el mismo que el último misterio, que es el veinticuatro.
4. Mas los
discípulos no comprendían estas cosas, porque ninguno de
ellos había penetrado aquel misterio, que, sin embargo, consideraban
como la cumbre del universo y como la cabeza de todo lo que existe. Y pensaban
que era el fin de todos los fines, porque Jesús les había
dicho, con relación a ese misterio, que rodea el primer precepto,
y los cinco moldes, y la gran luz, y los cinco asistentes, e igualmente
todo el tesoro de la luz.
5. Y Jesús
no había anunciado todavía a sus discípulos toda la
emanación de todas las regiones del gran invisible, y de los tres
triples poderes, y de los veinticuatro invisibles, y de sus regiones, y
de sus eones, y de sus rangos, todo según la manera como emanan
aquellos que son los mismos que los próbolos del gran invisible,
y no les había explicado sus nacimientos, y sus creaciones, y su
vivificación, y sus archones, y sus ángeles, y sus arcángeles,
y sus decanos, y sus satélites, y todas las moradas de sus esferas.
6. Jesús
no había hablado a sus discípulos de toda la emanación
de los próbolos del tesoro de la luz, ni tampoco de sus salvadores,
según el orden de cada uno de ellos y el modo de su existencia.
Ne les había hablado del lugar de los tres amén que
están esparcidos en el espacio.
7. Y nos les
había dicho de qué lugar brotan los cinco árboles,
ni los siete amén, que son los mismos que las siete voces,
ni cuál es su región según el modo de la emanación.
8. Y Jesús
no había dicho a sus discípulos cuáles son las regiones
de los cinco asistentes, ni dónde están, ni les había
hablado de los cinco círculos, ni del primer precepto, ni en qué
sitio están.
9. Y solamente,
hablando con sus discípulos, había revelado la existencia
de esos seres, pero no les había explicado su emanación y
el
rango de su región, y ellos ignoraban que había otras regiones
dentro de ese misterio.
l0. Y no había
dicho en qué lugar había salido hasta que había entrado
en ese misterio en el momento en que fue emanado, sino que sólo
les había dicho: Yo he salido de este misterio.
11. Y por
eso pensaban ellos respecto a ese misterio que era el fin de todos los
fines y la cima del universo. Y Jesús dijo a sus discípulos:
Ese misterio envuelve todas las cosas que os he dicho desde el día
que he venido hasta el de hoy.
12. Y por
eso los discípulos no pensaban que cupiese alguna otra cosa en el
interior de ese misterio.
13. Y ocurrió
que estando los discípulos en el Monte Olivete dijeron estas palabras,
con gran alegría: Nosotros somos más felices que ningún
hombre, puesto que el Salvador nos lo ha revelado todo, y habemos
toda elevación y toda perfección.
14. Y, mientras
hablaban así, Jesús estaba sentado un poco aparte. Y ocurrió
que el día quince de la luna del mes de têbêth,día
en que había plenilunio, el sol, alzándose en su carrera
ordinaria, emitió una luz incomparable.
15. Porque
procedía de la luz de las luces, y vino sobre Jesús, y lo
rodeó completamente. Y estaba algo alejado de sus discípulos
y brillaba de un modo sin igual.
16. Y los
discípulos no veían a Jesús, porque los cegaba la
luz que lo envolvía.
17. Y sólo
veían los haces de luz. Y éstos no eran iguales entre sí,
y la luz no era igual, y se dirigía en varios sentidos, de abajo
arriba, y el resplandor de esta luz alcanzaba de la tierra a los cielos.
Y los discípulos, viendo aquella luz, sintieron gran turbación
y gran espanto.
18. Y ocurrió
que un gran resplandor luminoso llegó sobre Jesús y lo envolvió
lentamente. Y Jesús se elevó en el espacio, y los discípulos
lo miraron hasta que subió al cielo, y todos quedaron silenciosos.
19. Y esto
pasó al decimoquinto día del mes de têbêth.
20. Y cuando
Jesús hubo ascendido al cielo, después de la hora de tercia,
todas las fuerzas de los cielos se turbaron y se agitaron entre sí,
y todos los eones y todas las regiones, y sus órdenes, y la tierra
entera, y sus habitantes fueron estremecidos.
21. Y los
discípulos y todos los hombres se amohinaron, y pensaron que era
posible que el mundo fuese a ser destruido.
22. Y todas
las fuerzas del cielo no cejaban en su agitación y se agitaron entre
sí desde la hora de tercia de aquel día hasta la de nona
del siguiente. Y los ángeles y arcángeles, y todas las potencias
de las regiones superiores entonaban himnos, y todos oían sus cánticos,
que duraron hasta la hora nona del otro día.
23. Mas los
discípulos estaban reunidos y llenos de terror. Y se espantaban
de lo que sucedía, y lloraban, diciendo: ¿Qué ocurrirá?
¿Destruirá el Salvador todas las regiones?
24. Y hablando
así vertían lágrimas, y a la hora de nona del día
siguiente, los cielos se abrieron y vieron descender a Jesús en
medio de un inmenso esplendor.
25. Y este
esplendor no era igual, sino que se dividía de muchos modos, y unos
brillaban más que otros. Y había tres especies que brillaban
de diferente forma, y la segunda estaba sobre la primera, y la tercera
era superior a las demás. Y la primera era análoga a la que
envolvió a Jesús cuando ascendió al cielo.
26. Y cuando
los discípulos vieron tal, quedaron llenos de espanto. Y Jesús,
misericordioso y dulce, les habló y dijo: Tranquilizaos y no temáis
nada.
27. Y oyendo
los discípulos estas palabras, dijeron: Señor, si tú
quitas de ti esa luz deslumbrante, podremos seguir aquí. De otro
modo, nuestros ojos cegarán y por esa luz nosotros y el mundo entero
estamos turbados.
28. Y Jesús
hizo desaparecer aquella luz, y los discípulos, tranquilizados,
fueron hacia él, y prosternándose unánimemente, lo
adoraron, diciendo: Maestro, ¿adónde has ido? ¿A qué
te han llamado? ¿Y de dónde proceden todas estas perturbaciones?
29. Y Jesús,
todo misericordia, les dijo: Regocijaos, porque, a partir de este momento,
yo os hablaré con toda claridad, desde el principio de la verdad
hasta su fin, y sin parábola.
30. No os
ocultaré nada respecto a las cosas que pertenecen a las regiones
superiores, y a las regiones de la verdad. Porque me lo ha autorizado el
Inefable, por el primer misterio de los misterios, para que yo os hable
desde el principio hasta la consumación, y desde las cosas interiores
a las exteriores, y viceversa. Escuchad y os diré todas estas cosas.
31. Ocurrió
que, estando yo sentado algo lejos de vosotros en el Monte Olivete, meditaba
sobre la misión para la que he sido enviado, que está cumplida,
y sobre el último misterio, que es el mismo que el veinticuatro
misterio, desde las cosas interiores hasta las exteriores, y en que todavía
no me había sido enviado un vestimento. Y estas cosas son en el
segundo puesto del primer misterio.
32. Y sucedió
que, cuando yo comprendía que el fin del misterio para el que he
venido estaba cumplido ya, y que el misterio no me había aún
enviado mi veste, reflexionando sobre esto, en el Huerto de los Olivos,
cerca de vosotros, el sol se levantó a los lugares en que lo ha
colocado el primer misterio que lo ha creado, y, según la orden
del primer misterio, mi veste de luz me fue enviada, la cual me había
sido dada desde el principio, y yo me puse en el último misterio,
que es el veinticuatro misterio, a contar desde los que están en
el segundo lugar del primer misterio.
33. Y esta
veste yo la he puesto en el último misterio, hasta cumplir el tiempo
en que debía empezar a predicar a la humanidad y a revelar todas
las cosas desde el principio de la verdad hasta su fin, hablando desde
lo interior de lo interior hasta lo exterior de lo exterior.
34. Regocijaos,
pues, y sentid gozo, puesto que os ha sido otorgado que os hable desde
el principio hasta el fin de la verdad. Y os he elegido desde el principio
por el primer misterio.
35. Regocijaos,
porque, al descender en el mundo, conduzco desde el comienzo doce fuerzas,
que he tomado de los doce salvadores del tesoro de la luz, según
el mandato del primer misterio. Y las he arrojado en el seno de vuestras
madres y con las que hoy están en nuestro cuerpo.
36. Y estas
fuerzas me han sido otorgadas por encima de todo el mundo, porque vosotros
debéis salvar al mundo entero, y para ello es preciso que podáis
sufrir las amenazas de los señores del mundo, y los peligros del
mundo, y sus penas, y sus persecuciones.
37. Os he
dicho que la fuerza que está depositada en vosotros la he extraído
de los doce salvadores que están en el tesoro de la luz. Y por eso
os he dicho desde el principio que vosotros no sois de este mundo, ni yo
tampoco lo soy.
38. Y los
hombres que son del mundo han tomado las almas de los archones de los eones.
Pero la fuerza que está en vosotros viene de mí y pertenece
a las regiones superiores. Yo he conducido a los doce salvadores del tesoro
de la luz, de los que he tomado una parte de mi fuerza.
39. Y cuando
he venido al mundo, he venido entre los angeles de las esferas, semejante
a Gabriel, el ángel de los eones, y los archones de los eones no
me han conocido, sino que creían que era el ángel Gabriel.
40. Y ocurrió
que cuando estuve entre los jefes de los eones, miré desde arriba
el mundo de los hombres, según el mandato del primer misterio, y
hallé a Isabel, madre de Juan el Bautista, antes que lo hubiese
concebido.
41. Y puse
en ella la fuerza que había recibido del pequeño Iâo,
el bueno, que está en el centro, para que pudiese predicar, antes
que yo, y preparar mis caminos, y para que bautizase con el agua de remisión
de los pecados.
42. Y en el
sitio de un archon destinado a recibirlos, encontré el alma del
profeta Elías en la esfera de los eones, y recibí su alma,
y la llevé a la Virgen, hija de la luz, y ella la dio a sus herederos,
que la llevaron al seno de Isabel.
43. La fuerza
de Iâo, aquel que está en el medio, y el alma de Elías,
el profeta, han sido unidas en el cuerpo de Juan el Bautista.
44. Y porque
dudasteis cuando yo os dije que Juan había declarado ser el Cristo
él, vosotros contestasteis que estaba en la Escritura que, si el
Cristo venía, Elías vendría con él, y le prepararía
los caminos.
45. Mas, al
hablarme así, yo os contesté: Elías ha venido, y lo
ha preparado todo, como está escrito.
46. Y como
vi que no comprendíais que el alma de Elías estaba en Juan
el Bautista, os hablé en parábola.
Jesús promete a sus discípulos instruirlos en todos los misterios
II 1.
Y Jesús siguió hablando, y dijo: Y según el mandato
del primer misterio, miré desde arriba el mundo de los hombres y
hallé a María, que es llamada mi madre carnal, y le hablé
en figura de Gabriel.
2. Y cuando
ella se elevó hacia mí, yo puse en ella la primera fuerza,
que he recibido de Barbelón, es decir, el cuerpo que viene de las
regiones superiores.
3. Y en el
sitio del alma puse en ella la fuerza que he recibido del gran Sabach,
el bueno, que está en el hemisferio de la derecha. Y las doce fuerzas
de los doce salvadores del tesoro de la luz que yo he recibido de los doce
diáconos que están en el centro, y la llevé a la esfera
de los archones.
4. Y los decanos
de los archones y sus satélites creyeron que eran las almas de los
archones, y las llevaron a los satélites, y yo las puse en el cuerpo
de vuestras madres.
5. Y cuando
se cumplió el tiempo, os parieron, y en vosotros no había
nada del alma de los archones.
6. Y cuando
Jesús hubo dicho todas estas cosas a sus discípulos en el
Monte Olivete, continuó instruyéndolos.
7. Y dijo:
Regocijaos y que la alegría descienda sobre vuestra alegría.
8. Porque
los tiempos se han cumplido, y yo me vestiré con el ropaje que me
ha sido preparado desde el principio, y que he puesto en el último
misterio hasta el tiempo de su perfección.
9. Mas su
tiempo no se había cumplido, y ya no podía hablaros de la
verdad desde su principio hasta su fin, como ha de ser para que el mundo
sea salvado por vosotros.
10. Regocijaos,
pues, oh dichosos entre todos los hombres, porque habéis de salvar
al mundo.
11. Y cuando
Jesús hubo concluido de hablar así, dijo: He aquí
que recibo mi vestidura, y que toda ciencia me es dada por el primer misterio.
12. Esperad
un poco, y yo os revelaré todo misterio y toda pleroma, y nada os
ocultaré a partir de hoy.
13. Mas en
la perfección, yo os instruiré de toda perfección
y de todos los misterios que son en sí mismos el fin de todos los
fines y la gnosis de todas las gnosis, que hay en mi vestidura.
14. Y os explicaré
todos los misterios, desde el interior de los interiores hasta el exterior
de los exteriores.
15. Escuchad,
pues, y oíd todas las cosas que me han sucedido.
16. Y ocurrió
que cuando el sol se levantó en Oriente, descendió una gran
potencia de la luz, y en la que venía mi investidura, que yo he
puesto en el veinticuatro misterio, según os he explicado.
17. Y encontré
el misterio de mi investidura, escrito en las cinco palabras que pertenecen
a las regiones superiores, y que son: Zama, zama, òza ráchama
òzai.
18. Y su explicación
es ésta: El misterio que está fuera del mundo y que es causa
de que el mundo haya sido hecho es toda la agresión y toda la elevación,
proyecta todas las emanaciones y está en todas ellas.
19. Y he venido
a nos, para que nos nos asociemos contigo, nos enteros estamos contigo.
Y nos somos uno e idéntico, y tú eres uno e idéntico.
20. Y éste
es el primer misterio hecho desde el principio, y que es inefable ante
la emanación. Y todos nosotros somos su nombre.
21. Y nosotros,
pues, vivimos enteramente para ti, en el último límite, que
es lo mismo que el último misterio desde lo interior.
22. Y te hemos
enviado tu investidura, que es tuya desde que en el principio la situaste
hasta el último límite, y hasta que su tiempo se cumplió,
según disposición del primer misterio.
23. Y habiéndose
cumplido el tiempo, te la daré.
24. Ven a
nos, para que seamos en ti, para que te revistamos del primer misterio
y de toda su gloria, según mandato del que nos ha dado el primer
misterio.
25. Porque
tú eres nuestro predecesor y has sido hecho antes que nosotros.
26. Reviste
tu investidura y ven a nos, que necesitamos de ti.
27. Para que
revistamos con ella hasta que el tiempo marcado por el Inefable se haya
cumplido.
28. Y el tiempo
se ha cumplido ya. Ven, pues, a nos para que te revistamos hasta que cumplas
todo el ministerio de la perfección del primer misterio determinado
por el Inefable.
29. Ven a
nos y deja el mundo. Y recibirás toda tu gloria, que es la gloria
del primer misterio.
30. Y, cuando
reconocí el misterio de esas palabras en la investidura que Él
me había enviado, me revestí de ella, y me convertí
en una luz inmensa, y volé a las regiones superiores, y llegué
a las puertas del firmamento transformado en claridad incomparable.
Cristo explica a sus discípulos su viaje a través de las distintas esferas
III 1.
Y todas las puertas del firmamento se abrieron ante mí.
2. Y subí
a la primera esfera, y brillé con una luz inmensísima, cincuenta
y nueve veces mayor que aquella con que destellé en el firmamento.
3. Y cuando
llegué a las puertas de la primera esfera, todas se abrieron a la
vez por sí solas.
4. Y cuando
entré en el círculo de las esferas emanando una luz infinita,
todos los archones fueron en turbación viendo el esplendor que me
pertenecía.
5. Y mirando
mi ropaje, vieron el misterio de su nombre, y su turbación aumentó.
6. Y tuvieron
gran espanto y dijeron: ¿Qué cambio nos ha producido el señor
del firmamento?
7. Y todas
sus filas y sus lazos se rompieron.
8. Y cada
uno se detuvo en su fila, y me adoraron a mí y a mi investidura,
y cantaron himnos del interior de los interiores, con gran temor y desconcierto.
9. Y fui a
las puertas de la segunda esfera, que es el Heimarméné y
sus puertas se abrieron por sí mismas.
10. Y entré
en el ámbito de Heimarméné, rodeado de una luz formidable,
y no había ningún género de luz que no fuese en mí.
11. Y la luz
era cuarenta y nueve veces más grande allí que en la primera
esfera.
12. Y todos
los archones de la segunda esfera cayeron, en su turbación, unos
sobre otros, llenos de espanto ante la luz que me pertenecía.
13. Y viendo
en mi vestidura el misterio de su nombre, quedaron desconcertados, y se
preguntaban: ¿Cómo es que el Señor nos ha cambiado,
sin saberlo nosotros?
14. Y los
lazos de sus lazos, y de sus filas, y de sus cimientos, fueron rotos.
15. Y cada
uno se detuvo en su puesto y, prosternándose ante mí y ante
mi veste, me adoraron.
16. Y cantaron
un himno desde el interior de los interiores, y estaban llenos de temor
y de turbación.
17. Y, dejando
aquel lugar, subiendo hacia los grandes archones de los eones, llegué
a sus velos y a sus puertas, entre una claridad inmensa, y no había
especie de luz que no fuese en mí.
18. Y cuando
llegué a los doce eones, sus puertas se conmovieron, y sus velos
se plegaron por sí mismos, y sus puertas se abrieron a la vez.
19. Y entré
entre los eones destellando un resplandor inmenso, en que ningún
género de luz faltaba, y este resplandor era cuarenta y nueve veces
más grande que en el Heimarméné.
20. Y sus
ángeles, y sus eones, y sus arcángeles, y sus archones, y
sus dioses, y sus señores, y sus fuerzas, y sus luminarias, y sus
antepasados, y sus triples poderes, vieron que yo era luz infinita, al
que ninguna especie de luz es ajena.
21. Y se desconcertaron,
y un gran pavor los dominó cuando vieron la luz deslumbrante que
había en mi.
22. Y su pavor
y turbación llegaron hasta las regiones del Gran Maestro de los
cielos, y de los tres grandes triples poderes.
23. Y por
su gran espanto, el Gran Maestro y los tres grandes triples poderes, corrían
de un lado para otro, y no pudieron cerrar sus regiones, a causa del gran
temor que experimentaban.
24. Y reunieron
todos sus eones, y todas sus esferas, y todos sus súbditos, espantados
por el gran resplandor que veían en mí.
25. Porque
el mundo no hubiera podido soportar la luz que había en mí
entre los eones, y se hubiera disuelto.
26. Y yo brillaba
allí con una luz ocho mil setecientas veces mayor que la que fue
conmigo cuando yo estaba en el mundo con vosotros.
27. Y cuantos
había en el círculo de los doce eones se aturdieron, viendo
la luz que me envolvía, y corrían de un lado para otro. Y
todas sus regiones, y sus cielos, y sus mundos, se conmovieron, porque
no conocían el misterio que se había cumplido.
28. Y Adamas,
el gran tirano, y todos los tiranos que están en los eones comenzaron
a combatir contra la luz.
29. Y no pudieron
ver lo que combatían, porque no veían nada más que
una luz muy brillante.
30. Y cuando
combatían contra la luz, sucumbieron todos y, cayendo sin fuerza,
quedaron sin aliento, como los habitantes de la tierra al morir.
31. Y yo les
arrebaté la tercera parte de su fuerza, para que no pudieran persistir
en sus malos actos, ni los hombres de la tierra los invocasen en sus misterios
revelados por los ángeles pecadores, y que constituyen la magia.
32. Y así,
si los hombres los invocasen con fines perversos, no podran ejecutar malas
acciones.
33. Y troqué
los Heimarménés y las esferas que son sus soberanas. Y las
volví durante seis meses a la izquierda y seis meses a la derecha,
ejerciendo sus influencias, según el mandato del primer precepto
y según el mandato del primer misterio.
34. Y Iâo,
el guardián de la luz, las había colocado mirando siempre
a la izquierda, y ejerciendo así sus influjos y sus funciones.
35. Y he aquí
que cuando yo llegaba a sus regiones, fueron rebeldes y se mostraron hostiles
a la luz.
36. Y por
eso les quité la tercera parte de su fuerza, para que no pudiesen
ejercer sus prácticas malévolas.
37. Y cambié
los Heimarménés y las esferas, poniéndolas a la derecha
seis meses para ejercer sus influjos, y seis meses a la izquierda.
Diálogo de Jesús con la Virgen María
IV 1.
Y cuando el Salvador hubo hablado así, dijo: Aquel que tenga oídos
para oír oiga.
2. Y cuando
María oyó las frases del Salvador, miró al espacio
durante una hora.
3. Y dijo:
Señor, permíteme hablar con sinceridad.
4. Y Jesús
misericordioso contestó a María: Eres dichosa, María,
y yo te instruiré de todos los misterios concernientes a las regiones
superiores.
5. Habla con
sinceridad, tú, cuyo corazón está más enderezado
que el de todos tus hermanos hacia el reino de los cielos.
6. Y María
dijo al Salvador: Señor, tú has dicho: Oiga quien tenga oídos
para oír, para que entendamos las palabras que nos has dicho.
7. Escúchame,
Señor: Tú has dicho: Arrebaté la tercera parte de
todos los archones de los eones, y cambié los Heimarniénés,
y las esferas que son sus soberanas, para que, si la raza de los hombres
que están en el mundo las Invocase en los misterios que los ángeles
pecadores les han enseñado para ejercer malos actos en los misterios
de su magia, no pudiesen desde entonces ejercerlos.
8. Puesto
que tú les has arrebatado su fuerza, aquellos que muestran a los
hombres las cosas que están en el porvenir no tendrán, desde
ahora, la facultad de adivinar lo venidero, porque tú has cambiado
sus esferas y las has hecho ejercer su influjo seis meses a la derecha
y seis a la izquierda.
9. De tus
palabras, Señor, ha hablado la fuerza que residía en Isaías
el profeta, y que dijo en parábolas, al hablar de Egipto: ¿Dónde
están, oh Egipto, tus adivinos y tus intérpretes y tus evocadores?
La fuerza que había en Isaías, el profeta, ha profetizado,
antes que tú vinieses, que tú quitarías su fuerza
a los archones de los eones, y que cambiarías sus Heimarménés
y todas sus esferas.
10. Y cuando
el profeta dijo: No sabéis lo que hará el Señor, significaba
que ninguno de los archones sabía lo que tú efectuarías
ahora, y lo que dijo Isaías de Egipto debe entenderse también
de la materia sin eficacia.
11. E Isaías
hablaba de la fuerza que hay hoy en tu cuerpo material, y que tú
has tomado de Sabaoth, el bueno, que está en el hemisferio de la
derecha.
12. Y por
eso, Señor Jesús, nos has dicho: Quien tenga oídos
oiga, porque tú sabes si el corazón de cada uno aspira ardientemente
hacia el reino de los cielos.
13. Y cuando
María dejó de hablar, dijo el Salvador: María, dichosa
tú eres entre todas las mujeres de la tierra, porque tú serás
el pleroma de todos los pleromas y el fin de todos los fines.
14. Y oyendo
hablar así María a Jesús, sintió júbilo
extremo, y se arrodilló y adoró sus pies.
15. Y dijo:
Señor, óyeme, y permite que te interrogue respecto a las
palabras que has dicho acerca de las regiones en que has estado.
16. Y Jesús
contestó a María, y dijo: Habla con franqueza y no temas,
que yo te revelaré cuanto me preguntes.
17. Y ella
dijo: Señor, los hombres que saben los misterios de la magia de
los archones de los eones y la magia de los archones de la Heimarméné
y la de los de la esfera, según los ángeles malos les han
enseñado, y los invocan en sus misterios, que son su magia, para
impedir las buenas acciones, ¿podrán ahora cumplir sus designios
o no?
18. Y Jesús,
contestando a María, dijo: No los cumplirán como los cumplían
desde el principio, cuando yo les quité la tercera parte de su fuerza.
Pero lo harán quienes conocen los misterios de la magia del tercer
eon.
19. Y cuando
Jesús dijo estas palabras, Maria se levantó y dijo: Señor,
los adivinos, y los astrólogos, ¿mostrarán desde ahora
a los hombres las cosas futuras?
20. Y Jesús
contestó
a María: Silos astrólogos observan las Heimarménés
y las esferas cuando estén vueltas a la izquierda, según
su primera emanación, sus palabras se cumplirán y dirán
lo que ha de ocurrir.
21. Pero si
se observan las Heimarménés y las esferas cuando estén
vueltas a la derecha, no dirán nada verdadero.
22. Porque
sus influencias estarán trocadas, así como sus cuatro ángulos,
y sus tres ángulos, y sus ocho figuras.
23. Porque
desde el principio sus cuatro ángulos, y sus tres ángulos
y sus ocho figuras estaban vueltos hacia la izquierda Pero yo los cambiaré,
haciendo que se vuelvan seis meses a la izquierda y seis a la derecha.
24. Y el que
haya encontrado su orden desde que yo los cambié, disponiendo que
seis meses miren a la izquierda y seis a la derecha; quien los haya observado
de esta manera, sabrá exactamente sus influjos y anunciará
cuantas cosas harán.
25. E igual
será para los adivinos, si invocan el nombre de los archones cuando
sus influencias, vueltas hacia la izquierda, se les manifiesten.
26. Y asimismo
con todas las cosas sobre las que interroguen a los decanos.
27. Mas si
los adivinos invocan sus nombres cuando tienen la faz hacia la derecha,
no comprenderán nada, pues no estarán en la prístina
posición en que Iâo los ha colocado, y tendrán un gran
desconcierto al no conocer sus tres ángulos, ni sus cuatro ángulos,
ni sus ocho figuras.
Diálogo de Jesús con Felipe
V 1.
Y mientras Jesús pronunciaba estas palabras, Felipe estaba sentado,
escribiendo todo lo que Jesús decía.
2. Y al concluir,
se adelantó y, prosternándose, adoró los pies de Jesús,
diciendo: Señor y Salvador mío, permíteme hablar,
para que te interrogue sobre lo que nos has dicho acerca de las regiones
en que has estado en virtud de tu misión.
3. Y el Salvador,
misericordioso, contestó a Felipe, y dijo: Tienes permiso. Di lo
que quieras.
4. Y Felipe
replicó a Jesús: Señor, tú has cambiado el
modo de ser de los archones, y los eones, y de sus Heimarménés,
y esferas, y de todas sus regiones, y los has desconcertado en su camino
y extraviado en su ruta. ¿Has hecho esto para la salvación
del mundo, o no?
5. Y Jesús
contestó a Felipe y a sus discípulos: Yo he cambiado su ruta
por salvar todas las almas.
6. Porque
en verdad os lo digo: De no haberlos desviado, ellos hubieran perdido muchas
almas.
7. Y hubiera
pasado mucho tiempo antes de que los archones de los eones, y los archones
de Heimarméné, y de la esfera, y todas sus regiones, y sus
cielos, y sus eones, hubieren sido destruidos.
8. Y las almas
hubieran pasado mucho tiempo fuera de ese lugar, y el número de
las almas de justos que fueran puestas por el misterio en posesión
de las regiones superiores y en tesoro de la luz hubieran dejado de llenarse.
9. Y por eso
he desviado su camino, para que fuesen perturbados, y perdiesen la fuerza
que forma la materia de su mundo, para que los que han de salvarse sean
prontamente purificados y llevados a las regiones superiores, y para que
los que no deban salvarse sean destruidos.
10. Y
cuando Jesús hubo dicho estas palabras a sus discípulos,
María, la dichosa y de buen lenguaje, se adelantó, y se prosternó
a los pies de Jesús, diciendo: Señor, perdóname si
te hablo, y no te enojes contra mí por lo mucho que te interrogo.
11. Y el Salvador,
en su misericordia, dijo a María: Di lo que quieras y te contestaré
con claridad.
12. Y María
respondió a Jesús: Señor, ¿cómo se detendrán
las almas fuera de ese lugar y cómo serán rápidamente
purificadas?
13. Y el Salvador
contestó a María: María, tú buscas la verdad
en todas tus preguntas, que son razonadas, y llevas la luz a todo con tu
celo.
14. Desde
ahora no os ocultaré nada, mas os revelaré todo con esmero
y con claridad. Escúchame, María, y vosotros, discípulos,
recoged mi palabra.
Jesús explica a sus discípulos su combate con los seres de las esferas superiores
VI 1.
Antes que yo divulgase mi misión a los archones de los eones, y
a los archones de la Heimarméné, y de las esferas, estaban
todos ellos ligados a sus cadenas, y a sus esferas, y a sus sellos, según
el orden en que Iáo, el guardián de la luz, los situó
desde el comienzo.
2. Y cada
uno estaba en su puesto y hacía su camino según la forma
que le trató Iâo, el guardián de la luz.
3. Y cuando
llegó el tiempo de Melquisedec, el gran heredero de la luz, llegó
al medio de todos los archones y todos los eones, y les quitó la
luz pura a todos los eones y archones de la Heimarméné y
de las esferas.
4. Porque
les quitó lo que los había turbado. Y excitó la vigilancia
que hay sobre ellos, y les quitó la fuerza que había en ellos,
y las lágrimas de sus ojos, y el sudor de sus cuerpos.
5. Y Melquirededo,
el heredero de la luz, purificó estas fuerzas, para llevar su luz
al tesoro de la luz.
6. Y los satélites
de los archones recogieron toda su materia, y los satélites de los
archones de las Heimarménés, y los satélites de todas
las esferas que están debajo de los archones la recibieron para
hacer las almas de los hombres, y de los rebaños, y de los reptiles,
y de las bestias, y de los pájaros, y enviarla al mundo de los hombres.
7. Y las potencias
del sol y las potencias de la luna, cuando miraron al cielo y vieron los
sitios de los caminos de los eones y de las Heimarménés y
de las esferas, vieron que la luz les había sido quitada.
8. Y tomando
la luz pura y los residuos de la materia, la acarrearon a la esfera que
hay debajo de los eones, para hacer las almas de los hombres, y para hacer
los reptiles, y las bestias de carga, y los animales, y los pájaros,
siguiendo el círculo de los archones de esta esfera, y siguiendo
las figuras de su conversión, para echarlas en el mundo de los hombres,
y convertirlas en almas de este lugar, según el modo que os he dicho.
9. Y esto
hacían con perseverancia, antes que su fuerza no fuese disminuida
ni debilitada, y quedaran débiles e impotentes.
10. Y cuando
quedaron impotentes y su fuerza hubo cesado, y quedaron debilitados en
su fuerza, y la luz que había en su región cesó, y
su reino fue disuelto, he aquí que una vez que hubieron conocido
por un tiempo estas cosas, Melquisedec, el heredero de la luz, vino de
nuevo para entrar en medio de todos los archones de los eones y de todos
los archones de la Heimarméné y de las esferas, y los conturbó,
y los oprimió para arrancarles su fuerza, y el aliento de su boca
y el sudor de sus cuerpos.
11. Y Melquisedec,
el heredero de la luz, los purificó de un modo que efectuó
con perseverancia, y llevó su luz al tesoro de la luz.
12. Y cuando
yo vine para ascender al ministerio a que he sido llamado por· orden
del primer misterio, subía en medio de los doce archones de los
eones, revestido de mi investidura.
13. Y yo resplandecía
con una luz inmensa, y no había especie de luz que no estuviera
en mí.
14. Y cuando
todos los tiranos, el gran Adamas y los tiranos de los doce eones, se esforzaron
en combatir con la luz de mi investidura, querían tener su posesión
para permanecer en sus reinos.
15. Y lo hacían
ignorando a quién combatían. Y cuando combatían con
la luz, yo, siguiendo la orden del primer misterio, troqué sus caminos
y las armas de sus eones, y las sendas de sus Heimarménés,
y las vías de su esfera.
16. Y las
puse seis meses mirando los tres ángulos de la izquierda, y los
cuatro ángulos y las cosas que están en su región,
y sus ocho figuras, según la forma en que estaban desde el comienzo.
Y cambié su conversión y su dirección.
17. Mas cuando
les quité la tercera parte de sus fuerzas cambié las esferas,
a fin de que mirasen un tiempo a la derecha y otro a la izquierda.
18. Y cambié
su curso, y toda su vía, y aceleré la vía de su curso,
para que fuesen purificados rápidamente, y abrevié su círculo
e hice ligera su vía.
19. Y se apresuraron
mucho, y fueron excitados en su vía, y no pudieron, desde entonces,
devorar la materia de su pura luz.
20. Y abrevié
su tiempo y su duración, para que el número de las almas
justas que recibiesen los misterios y entrasen en el tesoro de la luz se
cumpliese pronto.
21. Si yo
no hubiese abreviado su tiempo, ni cambiado su curso, ellos no habrían
dejado a ningún alma venir al mundo, por la materia de su residuo,
que hubiesen devorado.
22. Y una
multitud de almas se habrían perdido. Y por eso yo he dicho: He
abreviado el tiempo pensando en mis elegidos.
23. De
otro modo, ningún alma hubiera podido salvarse. Y he abreviado los
tiempos por las almas justas que han de recibir los misterios, y que son
las almas de los elegidos.
24. Y si no
hubiese abreviado su tiempo, ningún alma material habría
podido salvarse.
25. Sino que
habrían sido consumidas en el fuego que está en la causa
de los archones.
26. Y estas
son las cosas sobre las cuales me has preguntado.
Jesús relata su encuentro con la Sabiduría fiel
VII 1.
Y cuando Jesús hubo hablado así a sus discípulos,
todos se prosternaron a la vez, y lo adoraron, diciendo: Nosotros, tus
discípulos, hemos sido elevados sobre todos los hombres, por la
grandeza de las cosas que nos estás diciendo.
2. Y Jesús
siguió hablando, y dijo a sus discípulos: Oíd lo que
me ocurrió con los archones de los doce eones, y con todos sus archones,
y sus maestros, y sus dignidades, y sus ángeles, y sus arcángeles.
3. Cuando
vieron la brillante vestidura que había sobre mí, y cada
uno vio el misterio de su nombre en la vestidura brillante de que yo iba
cubierto, todos se prosternaron unánimemente, adorando mi brillante
investidura, y diciendo: El Señor del universo nos ha cambiado.
4. Y cantaron
a coro un cántico desde el interior de los interiores, y todas sus
triples potencias, y sus antepasados, y sus ángeles, y sus fuerzas
engendradas de sí mismos, y sus virtudes, y sus dioses, y todos
sus magnates.
5. Y vieron
a los guardianes de sus regiones, al perder parte de su fuerza, caer en
una gran debilidad, y tuvieron gran miedo ellos mismos.
6. Y descubriendo
el misterio de su nombre en mi envoltura, se apresuraron a venir a adorarlo,
y no pudieron por la suma luz que había conmigo.
7. Y alejándose
un poco, lo adoraron. Y adoraron la luz de mí investidura, y todos
cantaban un himno del interior de los interiores.
8. Y sucedió
que cuando los guardianes que hay al lado de los archones vieron todas
estas cosas, cayeron en el abatimiento y se desplomaron fuera de sus regiones.
9. Y quedaron
como los habitantes del mundo cuando son heridos de muerte, y no alentaban,
y estaban del mismo modo que cuando yo les arrebaté su fuerza.
10. Y he aquí
que cuando yo me alejaba de estos eones, cada uno de los que están
en los doce eones fueron restituidos a sus sitios, y cometieron acciones
malas, según el modo en que yo los había dispuesto.
11. Porque
pasan seis meses vueltos hacia la izquierda, cometiendo hechos generosos
en sus tres ángulos, y en sus cuatro ángulos, y en los que
están en su región.
12. Y otros
seis meses mirando a la derecha, y hacia sus tres ángulos, y hacia
sus cuatro ángulos, y hacia los que pertenecen a su región.
13. Y éste
es el modo como irán aquellos que están en el Heimarméné
y en las esferas.
14. Y ocurrió
que subí muy luego a las regiones superiores, hacia los velos de
la trecena región de los eones.
15. Y cuando
llegué ante sus velos, éstos se abrieron delante de mí.
16. Y entré
a la trecena región de los eones, y encontré sola a la Sabiduría
fiel, sin que ninguno de los eones estuviese cerca de ella.
17. Y estaba
bajo la decimotercera región de los eones, y sentados, y lloraba
porque no la habían conducido a la decimotercera región,
que es su lugar en las regiones superiores.
18. Y se afligía
por los sufrimientos que le había causado el orgullo de uno de los
tres triples poderes. Y cuando yo os hable de la emanación, os diré
el misterio de su creación.
19. Y cuando
me vio la Sabiduría fiel, y contemplé la luz que me rodeaba,
y en la que no faltaba ninguna especie de luz, sufrió una gran turbación.
20. Y mirando
la luz de mi vestidura, vio el misterio de mi nombre trazado sobre mi vestidura,
y todo el esplendor de su misterio como lo había sido desde el principio
en las regiones superiores y en la trece región de los eones.
21. Y dirigió
un himno a la luz que había en las regiones superiores, que ella
vio en los velos del tesoro de la luz.
22. Y cuando
Jesús hubo dicho estas cosas a sus discípulos, María
se adelanté, y dijo: Señor, yo te he oído decir que
la divina Sabiduría estaba también en los veinticuatro próbolos,
pero no estaba en su región, porque tú has dicho: Yo la encontré
debajo de la decimotercera región de los eones.
23. Y Jesús,
contestando, dijo a sus discípulos: La fiel Sabiduría estaba
en la trecena región de los eones, donde están todas sus
hermanas invisibles, que son, ellas mismas, los veinticuatro próbolos
del gran invisible.
24. Y ocurrió
que por orden del primer misterio, la Sabiduría divina miró
a lo alto y vio las alas del tesoro de la luz.
25. Y deseé
ir a aquella región, pero no pudo llegar. Y dejó de efectuar
el misterio de la trecena región de los eones, y dirigió
un himno a la luz de las regiones inferiores, que está en la luz
de las alas del tesoro de la luz.
26. Y cuando
ella elevaba su himno a las regiones superiores, todos los archones que
están en las doce regiones de los eones sintieron odio hacia ella,
porque ellos estaban en las regiones inferiores, y ella se detuvo en sus
misterios y quiso elevarse por encima de ellos.
27. Y por
esto se irritaron contra ellas y la odiaron.
28. Y el gran
triple poder orgulloso, que es la tercera de las triples potencias y que
reside en la trecena región de los eones, aquel que fue insumiso,
no dando toda la pureza de la fuerza que había en él, y no
mostrando la luz pura en el tiempo en que los archones dieron su pureza,
quiso ser soberano en toda la trecena región de los eones y en las
que están debajo.
29. Y aconteció
que todos los archones de las doce regiones de los eones se enfurecieron
contra la Sabiduría fiel, que estaba sobre ellos.
30. Y sintieron
hacia ella odio sumo, y el gran triple poder orgulloso de que os he hablado
siguió a los archones de las doce regiones de los eones, y se irritó
contra la Sabiduría fiel.
31. Y la odió
extremadamente, porque quería ir a la luz que está sobre
él, y proyectó fuera de sí una gran fuerza con rostro
de león, hecha de la materia de que es él.
32. Y proyectó
muchas otras emanaciones materiales, y las proyectó a las regiones
inferiores, en medio del caos, para que tendiesen lazos a la Sabiduría
fiel y le quitasen la fuerza que hay en ella.
33. Porque
quería ir a la región superior que hay sobre ellos, y porque
dejó de cumplir sus misterios.
34. Y ella
continuó llorando, buscando la luz que había visto.
35. Y los
archones que permanecían en el misterio de que ellos se ocupan,
tuvieron odio contra ella, y todos los guardianes que vigilan las puertas
de los eones tuvieron también odio contra ella.
Asechanzas que tiende el gran triple poder a la Sabiduría fiel
VIII 1.
Y ocurrió, según disposición del primer orden, que
el gran triple poder orgulloso, que es uno de los tres poderes, condujo
a la Sabiduría a la decimotercera región de los eones.
2. Y era para
que contemplase los lugares del infierno y viese en aquellos lugares su
potencia de luz con rostro de león.
3. Y quería
que fuese allí, para que le quitasen la luz que había en
ella.
4. Y la Sabiduría
miró desde arriba, y vio la fuerza de aquella luz en la región
de los infiernos, y no supo que pertenecía al triple poder orgulloso.
5. Sino que
pensó que provenía de la luz que ella había visto
desde el principio en la región superior, y que venía de
las alas del tesoro de la luz.
6. Y pensó
dentro de sí: Iré a tomar la luz que los eones de la luz
han creado para mí, a fin de que yo pueda llegar a la luz de las
luces, que está en la altura de las alturas.
7. Y con estos
pensamientos salió de su lugar hacia la trecena región de
los eones, y subió hacia los doce eones.
8. Y los archones
de los eones la vieron y se irritaron contra ella, porque quería
elevarse a las regiones superiores.
9. Y al salir
de las doce regiones de los eones, vino a los parajes del caos, y avanzó
hacia la fuerza de la luz con cara de león para devorarla.
10. Y todos
los defensores de la materia la rodearon. Y la gran fuerza de la luz con
faz de león devoró la potencia de la luz en la Sabiduría
y purgó su luz, que ella había devorado, y su materia.
11. Y la arrojaron
en el caos, que es en su mitad de llamas y en su otra mitad de tinieblas.
12. Y había
un archon con rostro de león, y era Ialdabañrt, de quien
yo os he hablado muchas veces.
13. Y cuando
todo esto sucedió, la Sabiduría se encontro en una extremada
debilidad.
14. Y la fuerza
de la luz con rostro de león comenzó a arrebatar todas las
fuerzas de la luz en la Sabiduría, y todas las fuerzas de la materia
del poder orgulloso rodearon a la vez a la Sabiduría y la atormentaron.
15. Y la Sabiduría
fiel, lanzando grandes gritos, se dirigió a la luz de las luces
que vio desde el principio, implorando su ayuda.
16. Y le suplicó,
con estas palabras: Luz de las luces, a quien he implorado desde el comienzo,
escucha ahora, ¡oh luz!, mis súplicas.
17. Protégeme,
luz, porque malos pensamientos han entrado en mí.
18. Y he mirado,
¡oh luz!, las regiones del infierno, y he visto la luz en ese lugar,
y he venido aquí pensando alcanzar esa luz.
19. Y he caído
en las tinieblas que son el caos del infierno.
20. Y no he
podido volver a mí lugar, porque he sido atormentada por todos mis
enemigos, y la fuerza del rostro de león me ha arrebatado la luz
que había en mí, y yo he implorado tu auxilio, y mi voz no
se ha elevado en las tinieblas.
21. Y he mirado
a lo alto, para que la luz en la que creo me asista.
22. Y cuando
he mirado a lo alto, he visto todos los archones de una multitud de eones.
23. Y mirándome
en este estado, se alegraban de mis gritos. Y yo no les he hecho ningún
mal.
24. Mas me
odian sin motivos. Y cuando los próbolos del triple poder han visto
que los archones de los eones se regocijaban de mi mal, han comprendido
que los archones de los eones no me prestarían su socorro.
25. Y los
que me afligían injustamente han tenido confianza y me han arrebatado
la luz que yo había recibido de ellos.
26. Mas tú,
luz verdadera, sabes que yo he hecho esas cosas cándidamente, creyendo
que la luz de faz de león era tuya.
27. Y el pecado
que he cometido es patente ante ti.
28. No permitas,
Señor, que yo permanezca más tiempo así. Porque yo
he creído desde el principio en tu luz.
29. Señor,
luz de las fuerzas, no me dejes más tiempo privada de tu luz, porque
por ansia de tu luz he caído en la aflicción y la vergüenza
me ha cubierto.
30. Y por
ansia de tu luz he quedado extraña a mis hermanas invisibles, y
a las emanaciones del gran Barbelón.
31. Y esto
me ha ocurrido, ¡oh luz!, porque he deseado penetrar en tu círculo.
32. Y ha venido
contra mí la cólera del orgulloso, aquel que no escuchó
tu orden para que expandiese su luz.
33. Porque
yo he estado en la región de los eones y no he practicado su misterio,
y todos los guardianes de las puertas de las regiones de los eones me buscaban,
y cuantos comprenden sus misterios me perseguían.
34. Mas
yo he mirado hacia ti, luz, y he creído en ti.
35. No me
dejes en la aflicción de la oscuridad del caos, mas líbrame
de estas tinieblas.
36. Si tú
quieres venir a salvarme, grande es tu misericordia; escúchame en
la verdad, y sálvame.
37. Estas
son las palabras que dijo la Sabiduría fiel, y el que tenga oídos
para oír que oiga.
Jesús responde a las consultas de María, Marta y Pedro
IX 1.
Y María dijo: Señor, mis oídos reciben la luz y yo
oigo en mí fuerza de luz.
2. Oye, pues,
lo que tengo que decir sobre las palabras de la fiel Sabiduría al
confesar su pecado.
3. Tu fuerza
de luz ha sido profetizada por boca de David, cuando dijo en su salmo sesenta
y ocho: Dios mío, protégeme, porque las aguas han llegado
hasta mi alma.
4. Y dijo
luego María: Tal es, Señor, la explicación de la súplica
de la Sabiduría fiel.
(No hay versículo 5)
6. Y siguió
hablando, y dijo: La fiel Sabiduría elevó un himno de este
modo:
7. Luz de
las luces, yo creo en ti; no me dejes para siempre en las tinieblas.
8. Ayúdame
y protégeme en tus misterios. Acerca tu oído a mí
y sálvame.
9. Que la
fuerza de tu luz me preserve y me lleve hasta los eones elevados.
10. Y líbrame
de la fuerza de faz de león y de todos mis enemigos.
11. Porque
yo he creído en ti desde el comienzo, y tú eres mi salvador
y mi tesoro de luz.
12. Mi boca
está llena de gloria, para que cante siempre tus alabanzas y el
misterio de tu grandeza.
13. No me
dejes en el caos y no me abandones. Porque mis enemigos me han querido
arrebatar toda mi luz.
14. Vuélvete
a mí, ¡oh luz!, y líbrame de estos malvados.
15. Que quienes
han querido quitarme mi fuerza caigan, ¡oh luz!, en las tinieblas.
16. Y cuando
dijo estas palabras, Jesús preguntó a sus discípulos:
¿Comprendéis lo que os digo?
17. Y Pedro
se adelantó, y dijo: Señor, no permitas hablar siempre a
esta mujer, porque ocupa nuestro puesto y no nos deja hablar nunca.
18. Y Jesús
dijo a sus discípulos: Adelántese y hable aquel en quien
obre la fuerza de la inteligencia.
19. Porque
yo veo, Pedro, tu fuerza en el conocimiento de las palabras que dijo la
fiel Sabiduría.
20. Ven, pues,
y da tu explicación entre tus hermanos.
21. Y Pedro
fue, y dijo: Señor, tu fuerza ha sido profetizada por David en el
salmo sesenta y nueve, cuando dijo: Señor Dios mío, piensa
en socorrerme.
22. Y el Salvador
dijo: Ésa es la explicación del himno de la Sabiduría
fiel.
23. Dichosos
vosotros entre todos los hombres de la tierra, porque os he revelado estos
misterios.
24. Y en verdad
os lo digo: Yo os explicaré los misterios de todas las regiones
de mi Padre y de todas las regiones del primer misterio.
25. Para que
lo que aprobéis en la tierra sea aprobado en el reino de las regiones
superiores, y para que lo que rechacéis en la tierra sea rechazado
en el reino de mi Padre, que está en los cielos.
26. Escuchad,
pues, y entended las palabras que la Sabiduría fiel pronunció.
27. Luz
de las fuerzas, protégeme.
28. Que los
que quieren quitarme mi luz sean hundidos en el caos.
29. Y que
sean sumidos en las tinieblas los que me persiguen diciendo: Seremos más
fuertes que ella.
30. Que se
regocijen cuantos buscan la luz y que digan siempre: Yo celebraré
el misterio de los que quieren tu misterio.
31. Protégeme,
pues, ¡oh luz!, porque yo necesito mi luz, que mis enemigos me quieren
arrebatar.
32. Tú
eres mi salvador, luz; sácame y libértame de este caos.
33. Y cuando
Jesús hubo expuesto así a sus discípulos el cántico
tercero de la Sabiduría fiel, agregó:
34. Que quien
comprenda el sentido del tercer cántico de la fiel Sabiduría
se adelante a darnos su explicación.
35. Y Marta
se abrazó a sus pies, dando gritos y llorando, y entregándose
al dolor y a la humillación.
36. Y dijo:
Señor, ten piedad de mí y extiende sobre mí tu misericordia,
y permite que dé yo la explicación del tercer himno de la
Sabiduría fiel.
37. Y Jesús,
dando la mano a Marta, dijo: Bienaventurado el que se humille, porque él
disfrutará misericordia.
38. Dichosa
tú eres, Marta: Danos la explicación del canto de la fiel
Sabiduría.
39. Y Marta
dijo: Tu fuerza, Señor, ha sido profetizada en el salmo setenta
de David, cuando dijo: Señor, creo en ti. No permitas que yo sea
humillado para siempre.
40. Y éste
es, Señor, el sentido del tercer himno de la fiel Sabiduría.
41. Y cuando
Jesús oyó estas frases de Marta, dijo: Marta, tú has
hablado bien.
Interpretación que da Juan a la cuarta plegaria de la Sabiduría fiel
X 1.
Y Jesús, continuando su discurso, dijo a sus discípulos:
La Sabiduría.fiel hizo su cuarta plegaria.
2. Y la dijo
antes que la fuerza de rostro de león y las emanaciones materiales
que había con ella y que había enviado el poder orgulloso
volviesen a atormentarla.
3. Y dijo
así: Luz en la que yo he creído, oye mi ruego, y que mi voz
ascienda hasta tu morada.
4. No vuelva
lejos de mí la imagen de tu luz.
5. Mas dirígela
a mí, que estoy en la aflicción.
6. Arráncame,
sálvame de esta destrucción, porque mi tiempo desaparece
y yo me estoy convirtiendo en materia.
7. Mi luz
me ha sido quitada y mi fuerza ha sido destruida.
8. Y he perdido
la memoria de mi misterio, al que he sido consagrada desde elprincipio.
9. Y mi fuerza
ha sucumbido en virtud de mi espanto.
10. Y me
he convertido como en un demonio que habita en la materia, o como en un
decano que está sólo en el aire.
11. Y mis
enemigos han dicho: En lugar de la luz que hay en ella, la llenaremos del
caos.
12. Y he devorado
el sudor de mi sustancia y la amargura de las lágrimas de la materia
de mis ojos.
13. Para que
los que me atormentan no me arrebaten estas otras cosas.
14. Y todas
estas cosas, luz, me han sucedido por tu disposición, y ha sido
tu decisión y tu voluntad que me sucedieran.
15. Y tu voluntad
me ha traído al infierno y he venido al infierno como la fuerza
del caos.
16. Y mi fuerza
se ha helado en mí.
17. Señor:
Tú eres la luz en la eternidad y visitas en toda Ocasión
a los afligidos.
18. Álzate,
luz, busca mi camino y el alma que hay en mí.
19. Porque
se ha cumplido la orden que tú habías dado para mi aflicción.
20. Y ha llegado
el tiempo de que yo busque mi camino y mi alma; el tiempo que tú
has marcado para buscarme.
21. Y en este
tiempo, todos los archones de los eones de la materia temerán tu
luz.
22. Y todas
las emanaciones de la decimotercera región de los eones de la materia
temerán los misterios de tu luz.
23. Para que
los demás se revistan de la pureza de su luz cuando el Señor
busque la fuerza de nuestra alma.
24. Y este
misterio es el modelo ofrecido a la raza que está por crear, y esta
raza eleva un himno a las regiones superiores.
25. Yla
luz mira desde lo alto de su luz y mirará toda la materia, para
oír los gemidos de los que están encadenados.
26. Para romper
la fuerza de las almas, cuya fuerza ha sido sujeta, y para poner su nombre
en el alma y su misterio en la fuerza.
27. Y cuando
Jesús hubo hablado así a sus discípulos, dijo: He
aquí la cuarta plegaria de la Sabiduría fiel. Y el que sepa
comprender que comprenda.
28. Y cuando
Jesús dijo esto, Juan se adelantó, y adoró el pecho
de Jesús, y dijo: Señor, perdóname y déjame
que yo dé la explicación de la cuarta plegaria que elevó
la fiel Sabiduría.
29. Y Jesús
dijo a Juan: Yo te autorizo y te animo a dar la explicación de la
cuarta plegaria que elevó la Sabiduría fiel.
30. Y Juan
repuso y dijo: Señor, tu fuerza ha profetizado lo que dijo la fiel
Sabiduría en el salmo ciento uno de David.
31. Señor:
Oye mi plegaria y que mis clamores lleguen a ti.
32. Y al concluir
Juan estas palabras, dijo Jesús: Es acertado, Juan, y en el reino
de la luz te está reservado un puesto.
Felipe interpreta el sentido de la quinta plegaria que elevó a la Sabiduría fiel
XI 1.
Y Jesús, persistiendo en su discurso, dijo a sus discípulos:
2. Las emanaciones
del triple poder orgulloso atormentaron a la Sabiduría fiel en el
caos, porque querían quitarle su luz.
3. Y el tiempo
de sacarla del caos no había llegado aún.
4. Y la orden
del primer misterio no había llegado todavía, y yo no debía
aún salvarla del caos.
5. Y cuando
las emanaciones materiales la torturaban, ella clamó.
6. Y dijo
su quinta súplica: Luz de mi salvación, yo te elevo un himno
en el lugar de las regiones superiores y, a la vez, del caos.
7. Porque
yo te elevo el himno que te dirigía en las regiones Superiores.
8. Ven a mí,
¡oh luz! Vuelve el espíritu, ¡oh luz!, hacia mi súplica.
9. Porque
mi fuerza está llena de tinieblas y mi luz se ha perdido en el caos.
10. Y me he
convertido, como en los archones del caos, que están en las regiones
inferiores.
11. Y soy
como un cuerpo material, para el que no hay salvador en las regiones superiores
12. Y me he
convertido como en las materias cuya fuerza ha sido quitada, y que han
caído en el caos, y tú no las has salvado, y han perecido.
13. Y me han
sumido en las tinieblas infernales, en la oscuridad.
14. Allí
donde están las materias inertes y privadas de toda fuerza.
15. Y tú
has dado mandato sobre mí y sobre cuantas cosas has organizado.
16. Y me has
alejado tu aliento, y me has hundido en el abismo.
17. Y por
tu mismo mandato sobre las cosas que has ordenado, mis enemigos están
atormentándome.
18. Y me odian,
y no me auxilian, y estoy casi del todo perdida, y mi luz ha disminuido
en mí.
19. Y he clamado
a la luz, con toda la luz que hay en mí, y he alzado las manos elevándola,
hacia ti.
20. Y ahora,
luz, ¿se ha cumplido tu voluntad en el caso?
21. ¿Se
elevarán entre las tinieblas los liberadores que han de Venir según
tu voluntad?
22. ¿Y
darán el misterio de tu nombre en el caos?
23. ¿Dirán
tu nombre en el caos que tú no iluminas?
24. Yo te
glorifico, luz, y mi voz te llegará en las regiones Superiores.
25. Que tu
luz venga sobre mí, porque me han quitado mi luz.
26. Y yo estoy
en el sufrimiento por causa de la luz, desde que mis enemigos me atacan.
27. Y cuando
he mirado a lo alto, hacia la luz, y he mirado el infierno, he caído
en el infierno, según la disposición de la luz, elevándome
en el caos.
28. Y tu mandato
ha venido sobre mí, y los temores y turbaciones que tú has
fijado me han rodeado, abundantes como las aguas.
29. Y se han
apoderado totalmente de mí.
30. Y, según
tu voluntad, no has dejado que mi compañera me ayudase y socorriese
en esta aflicción.
31. Tal es
la quinta plegaria que formuló la fiel Sabiduría en el caos,
cuando estaba atormentada por las emanaciones materiales del triple poder.
32. Y cuando
Jesús hubo hablado así a sus discípulos, les dijo:
Que oiga quien tenga oídos para oír.
33. Y quien
tenga en sí el hálito brillante, que se adelante y dé
la explicación del quinto ruego de la Sabiduría fiel.
34. Y se levantó
Felipe cuando hubo hablado Jesús.
35. Y dejó
en el suelo un libro que tenía entre las manos, y en ese libro escribía
las palabras de Jesús, y todas las cosas que había hecho.
36. Y Felipe,
adelantándose dijo a Jesús: Señor: yo soy aquel
a quien has confiado el cuidado del mundo.
37. Para que
escriba cuantas cosas nosotros decimos y hacemos.
38. Y no me
has permitido exponer la explicación del misterio de las súplicas
de la Sabiduría fiel.
39. Y mi espíritu
se ha agitado fuertemente en mí, para que yo diese la explicación
de ese misterio.
40. Y me he
adelantado, porque soy el que escribo todas las cosas.
41. Y Jesús,
oyendo a Felipe, fe dijo: Escucha, Felipe, que yo te hablo, porque es a
ti, y a Tomás, y a Mateo, a quienes el primer misterio ha ordenado
escribir todas las cosas que yo diga y haga y cuantas cosas veáis.
42. Aún
no ha terminado el número de palabras que tú debes transcribir
por escrito.
43. Y cuando
termines, tú tendrás holgura para decir lo que quieras.
44. Mas ahora,
vosotros tres, escribid las cosas que yo diga y que yo haga, y que yo vea,
para que dé testimonio de todo en el reino de los cielos.
45. Y cuando
Jesús concluyó estas palabras, dijo a sus discípulos:
Quien tenga oídos para oír que oiga.
46. Y Marta
se levantó de entre los discípulos y se puso junto a Felipe.
47. Y dijo:
Señor, mi oído ha entendido la voz de la luz, y estoy presta
a oír, según la fuerza de mi entendimiento, la palabra que
tú has dicho.
48. Mas, Señor,
déjame que te hable con claridad.
49. Porque
tú has dicho: Que oiga quien tenga oídos para oír.
50. Y has
dicho también a Felipe: A ti, y a Tomás, y a Mateo, se os
ha encargado por el primer misterio de escribir todas las cosas del reino
de la luz, para que deis testimonio de ellas.
51. Oye, pues,
la explicación de la palabra que tu fuerza de luz hizo profetizar
a Moisés cuando dijo: De toda cosa se hará constancia por
medio de dos o tres testigos.
52. Y estos
tres testigos son Felipe, Tomás y Mateo.
53. Y cuando
Jesús oyó esto, dijo: Ésa es, María, la explicación
54. Adelántate,
pues, Felipe, y danos la explicación de la quinta súplica
de la Sabiduría fiel.
55. Y luego
siéntate hasta el fin de la misión que se te ha encomendado,
que es la de escribir todas las cosas del reino de la luz.
56. Y tú
continuarás diciendo lo que tu espíritu comprenda.
57. Mas
ahora, explica el misterio de la quinta plegaria de la fiel Sabiduría.
58. Y Felipe
respondió a Jesús, y dijo: Escucha, Señor, la explicación
que yo doy de la quinta plegaria de la fiel Sabiduría.
59. Tu
fuerza ha profetizado sobre ella, diciendo en el salmo ochenta y siete
de David: Señor, Dios de mi salvación, yo clamo hacia ti
de noche y día.
60. Que mí
palabra llegue hasta ti y presta oído a mi súplica.
61. Y Jesús,
oyendo estas palabras, dijo: Ven y siéntate, querido Felipe, y escribe
cuantas cosas yo haga, y cuantas palabras yo diga, y cuantas cosas veas.
62. Y Felipe
se sentó y escribió.
Andrés y María interpretan palabras de la Sabiduría fiel y de Jesús
XII 1.
Y Jesús continuó hablando a sus discípulos.
2. Y les dijo:
La fiel Sabiduría volvió a elevar clamores hacia la luz.
3. Y ésta
le remitió el pecado que había cometido.
4. Y dejando
su sitio, entró en las tinieblas.
5. Y la
Sabiduría fiel elevó su sexta impetración de esta
manera:
6. Yo te alabo,
luz, en las tinieblas de los infiernos.
7. Escucha
mi súplica y que tu luz atienda el clamor de mis plegarias.
8. Porque
yo no iría ante ti, y tú me abandonarías, si tú
no existieras, oh luz, mi liberadora, a causa de la luz de tu nombre.
9. Yo he creído
en ti, luz, y tú eres mi fuerza.
10.. Y he
sido fiel a tu misterio, y mi fuerza ha creído en la luz que está
en lo alto, y ha creído en ella hasta cuando estaba sumida en el
caos del infierno.
11. Y toda
la fuerza que hay en mí ha creído en la luz, aun cuando estaba
sumida en las tinieblas del infierno.
12. Y ellas
ceerán también cuando lleguen a las regiones superiores,
porque Él nos verá y nos rescatará. Y el misterio
de su salvación es grande.
13. Y Él
preservará todas las fuerzas contra el caos, en virtud de mi falta,
cuando, dejando mi sitio, yo he venido al caos.
14. Y quien
pueda entender que entienda.
15. Y cuando
Jesús acabó estas palabras, dijo a sus discípulos:
¿Comprendéis lo que os he dicho?
16. Y Andrés
se adelantó, diciendo: Señor, la fuerza de tu luz profetizó
por boca de David, en su ciento veintinueve salmo, al decir: Y he clamado,
Señor, desde el fondo del abismo... Escucha mi voz. Que Sirad ponga
su confianza en el Señor.
17. Y dijo
Jesús: Está bien, Andrés; bienaventurado seas. Que
ésa es la explicación de la plegaria de la Sabiduría.
18. En verdad,
en verdad, os digo, que yo os haré conocer todos los misterios de
la luz.
19. Y toda
gnosis, desde el interior de los interiores hasta el exterior de los exteriores.
20. Y desde
el Inefable hasta las tinieblas de las tinieblas.
21. Y desde
la luz de las luces. Y desde los dioses hasta los demonios.
22. Y desde
todos los señores hasta todos los decanos. Y
desde todas
las revoluciones hasta todas las emanaciones.
23. Y desde
la creación de los hombres hasta la de las bestias, y los animales,
y los reptiles.
24. Y así
se os llamará perfectos y completos en todas las cosas.
25. En verdad,
en verdad, os digo: cuando yo sea en el reino de mi Padre, vosotros estaréis
conmigo.
26. Y cuando
el número del perfecto se cumpla, para que la mezcla sea
destruida, yo ordenaré que os conduzca a todos los dioses que no
han dado aún la fuerza de su luz.
27. Y ordenaré
al fuego de la Sabiduría que respete a los perfectos y consuma a
los tiranos hasta que hayan dado la última pureza de su luz.
28. Ycuando
Jesús habló así, dijo a sus discípulos: ¿Comprendéis
lo que os digo?
29. Y María
dijo: He aquí, Señor, el sentido de las palabras que tú
has dicho. Tú has dicho que en la destrucción de la nada
tú estarás sentado sobre la fuerza de la luz.
30. Y que
nosotros, tus discípulos, estaremos sentados a tu diestra.
31. Y que
juzgaremos a los tiranos que no hayan dado aún la pureza de su luz.
32. Y del
fuego que has dicho que debe consumirlos hasta que hayan dado la última
luz que hay en ellos, tu fuerza de luz ha profetizado en el salmo veinticuatro,
en que dice David:
33. Dios se
sentará en la asamblea de los dioses para juzgar a los dioses.
34. Y Jesús
dijo: Está bien, María.
Interpretación de Tomás
XIII 1.
Y continuó hablando y dijo a sus discípulos: Y sucedió
que cuando la fiel Sabiduría hubo dicho la sexta súplica
de la remisión, se volvió a las regiones inferiores.
2. Para ver
si sus pecados se le habían remitido, y para ver si iba a ser conducida
al caos, ya que la orden del primer misterio para remitirle su pecado no
se había dado aún para sacarla del caos.
3. Y se volvió
a las regiones superiores, a fin de ver si su súplica se había
entendido.
4. Y vio a
los doce archones de los doce eones burlándose y regocijándose,
porque no se la habia escuchado.
5. Y cuando
vio cómo se burlaban, se afligió extremadamente y elevó
su séptima súplica.
6. Luz, yo
he elevado de nuevo mi fuerza hacia ti.
7. Y te suplico
que no me dejes caer en la ignominia, ni que los doce archones de los eones
que me odian se congratulen de mi desgracia.
8. Porque
quienquiera que te sea fiel no será entregado a la ignominia.
9. Y los que
me han quitado mi fuerza no seguirán siendo sus poseedores.
10. Mas les
será arrebatada y ellos permanecerán en las tinieblas.
11. Luz,
muéstrame tus caminos, y yo me salvaré siguiéndolos.
12. Y muéstrame
aquellos sitios a que debo dirigirme para libertarme del caos.
13. Y muéstrame
la senda en tu luz y haz que yo sepa, ¡oh luz!, que tú eres
mi salvador.
14. Y lo creerá
en ti en todo tiempo.
15. Vuelve
a mí tu atención para salvarme, ¡oh luz!, porque tu
misericordia se extiende hasta la eternidad.
16. No me
imputes, ¡oh luz santa y recta!, el pecado que me ha hecho cometer
mi ignorancia.
17. Sino sálvame
por tu gran misterio y que mis pecados me sean remitidos por tu gran bondad.
18. Porque
ella me devolverá a la senda, para que yo sea perdonada de mi falta.
19. Y quitará
a mis enemigos mi fuerza, que ha sido rota por las emanaciones materiales
del triple poder.
20. Porque
todas las ciencias de la luz son para la salvación, y los misterios
son para los que buscan las regiones de sus posesiones, en virtud del misterio
de tu nombre, ¡oh luz!
21. Y mi
falta es grande, mas perdónamela.
22. Y dará
a cuantos creen en la luz el misterio que quiera.
23. Y su alma
estará en las regiones de la luz y su fuerza será la adquisición
del tesoro de la luz.
24. Porque
la luz es quien da la fuerza a quienes le son fieles.
25. Y el nombre
de su misterio está en quienes creen en Él.
26. Y Él
les mostrará el lugar de las posesiones que están en el tesoro
de la luz.
27. Y yo he
sido siempre fiel a la luz que librará mis pies de las cadenas de
las tinieblas.
28. Vuelve
tu atención a nos, ¡oh luz!, y sálvame.
29. Porque
mis enemigos han arrebatado mi nombre en el caos y me han causado grandes
aflicciones.
30. Líbrame
de estas tinieblas y pon tu mirada en el dolor de mis aflicciones.
31. Perdóname
mis errores. Piensa en los doce archones que me acusan y están celosos
de mí.
32. Vela sobre
mi fuerza y protégeme y no me hagas quedar en estas tinieblas en
que te he sido fiel.
33. Porque
mis enemigos me han como privado de razón, viendo la fidelidad que
tengo por ti.
34. Y ahora,
¡oh luz!, conserva mi fuerza en las penas que me afligen y protégeme
contra mis enemigos.
35. Y habiendo
así hablado Jesús a sus discípulos, Tomás se
adelantó.
36. Y dijo:
Señor, mi espíritu se anima y yo me regocijo grandemente,
porque nos has revelado estas palabras.
37. Y yo no
me he adelantado hasta ahora a mis hermanos para no incomodarlos.
38. Porque
los veía reunidos para dar la explicación de los misterios
de la Sabiduría fiel.
39. Y he aquí,
Señor, que respecto a la séptima plegaria de la Sabiduría
fiel, tu fuerza de luz ha profetizado, con la voz de David, en su salmo
Veinticuatro.
40. Diciendo:
Señor: yo he alzado mi voz hacia ti. Señor: yo tengo puesto
mi corazón en ti.
41. Y cuando
Jesús oyó las palabras de Tomás, le dijo: Bien has
hablado, Tomás, y ésa es la explicación del séptimo
himno de la fiel Sabiduría.
42. En verdad,
en verdad, os digo que todas las criaturas os mirarán en la tierra
como bienaventurados.
43. Porque
os he revelado estas cosas y os he infundido mi soplo y os he dado
la inteligencia espiritual de lo que os digo.
44. Y os he
de llenar de toda luz y de toda la fuerza de mi soplo,
45. Para que
comprendáis desde ahora todo lo que se os diga y todo cuanto veáis.
46. Esperad
un poco, y os hablaré de lo concerniente a las regiones superiores
desde el exterior hasta el interior, y desde el interior hasta el exterior.
La Sabiduría fiel impetra por octava vez el auxilio de la luz
XIV 1.
Y Jesús prosiguió su discurso a sus discípulos.
2. Y dijo:
Cuando la Sabiduría fiel hubo dicho su séptima plegaria en
el caos, y sin que aún me hubiese llegado orden del primer misterio
para libertarla, elevándola sobre el caos, por mi propio impulso,
y en virtud de mi misericordia, sin esperar la orden, la conduje a un lugar
despejado sobre el caos.
3. Y sus enemigos
cesaron momentáneamente de atormentarla, creyendo que iba a ser
definitivamente arrojada en el caos.
4. Y la fiel
Sabiduría ignoraba que yo la asistía y me desconocía
del todo.
5. Y persistía
en celebrar el tesoro de la luz, que había visto antes y al que
seguía fiel.
6. Y pensaba
que era él el que la asistió,
y como era fiel a la luz, creía que su súplica se escucharía
y sería llevada del caos.
7. Mas no
se había aún cumplido la disposición del primer misterio
a fin de que su ruego fuese escuchado.
8. Escuchad,
pues, y yo os diré cuántas cosas sucedieron a la fiel Sabiduría.
9. Ocurrió
que, cuando yo la llevé a un lugar más desahogado del caos,
las emanaciones del triple poder dejaron de atormentarla creyendo que yo
la iba a llevar completamente al caos.
10.. Ycuando
supieron que la Sabiduría fiel no era conducida al caos, volvieron
a torturarla sumamente.
11. Y por
eso ella elevó su octava súplica.
12. Y dijo
de este modo: Yo he puesto, ¡oh luz!, mi corazón en ti; no
me dejes en el caos. Escúchame y líbrame en tu pensamiento.
13. Vuelve
mi espíritu hacia mí y líbrame; sé mi salvador,
¡oh luz!, y líbrame.
14. Llévame
a tu luz, porque tú eres mi salvador y tú me conducirás
hacia ti.
15. Y por
el misterio de tu nombre, indícame tu camino y dame tu misterio.
16. Y
librame de la fuerza de rostro de león y de mis enemigos, que me
han tendido asechanzas.
17. Porque
tú eres mi salvador y yo entregaré la pureza de mi luz en
tus manos.
18. Libértame,
¡oh luz!, en tu conocimiento.
19. Y tú
te irritarás contra aquellos que vigilan contra mi, para que no
se apoderen de mí totalmente.
20. Porque
yo he creído en la luz, y yo te adorará y cantará
tus alabanzas, para que tengas piedad de mí y vuelvas tu corazón
a la pena en que me encuentro.
21. Y tú
me librarás y me restituirás mi fuerza fuera del caos.
22. Y no me
abandonarás a la fuerza con rostro de león, mas me conducirás
a la región en que la aflicción no existe.
23. Y cuando
Jesús habló así a sus discípulos, continué.
24. Y dijo:
Cuando la fuerza de faz de león supo que la Sabiduría fiel
no había sido arrojada en el caos, vino con todas las otras emanaciones
materiales del triple poder.
25. Y otra
vez atormentaron a la fiel Sabiduría. Y cuando la torturaban, ella
prosiguió impetrando.
26. Y dijo:
Ten piedad de mí, luz, porque ellos me atormentan aún.
27. Y cuanto
hay en mí, y mi fuerza y mi espíritu son turbados, según
tu orden, ¡oh luz!
28. Y mi fuerza
ha sufrido grandes perjuicios, mientras yo estaba sujeta a tormentos.
29. Y el número
de mi tiempo está en el caos.
30. Y mi luz
se ha eclipsado, porque mi fuerza me ha sido arrebatada.
31. Y cuantas
fuerzas había en mí han sido destruidas.
32. Y soy
impotente ante todos los archones de los eones que me odian y ante las
veinticuatro emanaciones en cuyas regiones yo estaba.
33. Y mi hermano
ha temido seguirme, en vista de las persecuciones en que me ha visto sumida.
34. Y todos
los archones de las regiones superiores me han mirado como la materia en
que no hay ninguna luz.
35. Y me he
convertido como en una fuerza material que ha caído lejos de los
archones.
36. Y cuantos
están en los eones han dicho: Ella es como el caos.
37. Y todas
las fuerzas que no tienen misericordia han venido sobre mí, para
qiutarme toda mi luz.
38. Pero yo
he creído en ti, luz, y he dicho: Tú eres mi salvador, y
mi suerte, que tú has marcado, está en tu mano.
39. Líbrame,
pues, de los enemigos que me acusan y me persiguen.
40. Extiende
tu luz sobre mí, porque yo no soy nada en tu presencia, y
consérvame en tu misericordia.
41. Y no consientas
que caiga sobre mí la ignominia.
42. Porque
es a ti, oh luz, a quien yo glorifico en mis himnos.
43. Que el
caos envuelva a mis perseguidores y que sean sumergidos en las sombras
infernales.
44. Cierra
la puerta a quienes quieren devorarme.
45. Y dicen:
arranquémosle la luz que hay en ella.
46. Porque
yo no les he hecho ningún mal.
Novena plegaria de la Sabiduría fiel
XV 1.
Y Mateo, cuando Jesús hubo hablado así, se adelantó.
2. Y dijo:
Señor, tu luz me ha instruido para que yo explique la octava plegaria
de la Sabiduría fiel.
3. Porque
tu fuerza ha profetizado en el salmo treinta de David, diciendo: En ti
he puesto, Señor, mi corazón.
4. No permitas
que se me humille eternamente.
5. Y oyendo
estas palabras, dijo Jesús: En verdad te digo, Mateo, que cuando
el número perfecto sea cumplido, y cuando el universo sea destruido,
yo estaré sentado en el tesoro de la luz.
6. Y vosotros
estaréis sentados sobre las doce fuerzas de la luz, hasta que sean
restablecidos los rangos de los doce salvadores en las regiones de cada
uno de ellos.
7. Y continuó
hablando y dijo: ¿Comprendéis lo que os he dicho?
8. Y María
se adelantó y dijo: Señor, tú siempre nos has hablado
en parábolas.
9. Y nos has
dicho en ellas: Yo estableceré con vosotros un reino como el que
mi Padre ha establecido conmigo.
10. Y comeréis
y beberéis en mi mesa y en mi reino.
11. Y estaréis
sentados en los doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
12. Y Jesús
contestó: Está bien, María.
13. Y continuó
y dijo a sus discípulos: Y las emanaciones del triple poder continuaron
atormentando, en el caos, a la Sabiduría fiel.
14. Y ella
pronunció su novena súplica y dijo: ¡Oh luz, confunde
a los que me arrebatan mi fuerza y devuélveme la que me han quitado!
15. Ven
y sálvame. Porque grandes tinieblas me envuelven y me afligen.
16. Di a mi
fuerza: yo te libertaré.
17. Y que
cuantos quieren arrebatarme mi luz sean privados de su fuerza y vuelvan
al caos.
18. Que sean
reducidos a la impotencia los que quieren quitarme mi luz.
19. Que su
fuerza sea como el polvo y que tu ángel, Ieû, los hiera.
20. Y si quieren
ascender a lo alto, que las tinieblas los rodeen.
21. Y que
sean arrojados en el caos, y que Ieû, tu ángel, los persiga
para herirlos en las tinieblas del infierno.
22. Porque
me han tendido asechanzas y lo mismo la fuerza con faz de león.
23. Y sin
que yo los haya dañado, me atormentan y me quieren arrancar mi fuerza
toda.
24. Arranca,
¡oh luz!, la pureza a la fuerza de faz de león, sin que ella
lo sepa.
25. Y confunde
el proyecto que ha maquinado el triple poder, para arrebatar mi fuerza,
y arrebátale la suya.
26. Y mi fuerza
se regocijará en la luz y será alegre, porque tú la
habrás salvado.
27. Y todas
las partes de mi fuerza dirán: no hay más salvador que tú.
28. Porque
me has librado de la fuerza con rostro de león que me arrebataba
mi fuerza.
29. Y me salvarás
de todos los que me quitan mi fuerza y mi luz.
30. Porque
se han levantado contra ti, profiriendo mentiras, y diciendo que yo conocía
el misterio de la luz de la región superior.
31. Y me apremiaban,
exclamando: Dinos los misterios de la luz de la región superior.
32. Mas yo
ignoraba esos misterios y me han infligido grandes males.
33. Porque
yo he sido fiel a la luz de la región superior.
34. Y me he
sentado en las tinieblas, con el alma sumida en el duelo.
35. Sálvame,
¡oh luz, a la que elevo mis himnos!
36. Porque
yo sé que tú me salvarás, pues que yo hacía
tu voluntad cuando estaba en la región de los eones.
37. Y yo cumplía
tu voluntad como las potencias invisibles que están en mis regiones
y yo lloraba, buscando con celo tu luz.
38. Y ahora
mis enemigos me rodean, y se alegran de mis males, y me infligen sin piedad
grandes aflicciones.
39. Y rechinan
los dientes contra mí y me quieren arrebatar toda mi luz.
40. ¿Hasta
cuándo, luz, permitirás que sigan afligiéndome?
41. Libra
mi fuerza de sus malos propósitos y presérvame de la fuerza
con rostro de león. Porque yo estoy sola en estas regiones.
42. Y en medio
de cuantos se han juntado contra mí, yo te glorifico, ¡oh
luz!
43. Y clamaré
siempre a ti, en medio de todos los que me afligen.
44. Que
no se regocijen más sobre mí, atormentándome y quitándome
mi fuerza.
45. Tú
conoces su astucia, ¡oh luz! No permitas que tu ayuda se aleje de
mi.
46. Apresúrate,
¡oh luz! Júzgame en tu bondad y véngame.
47. ¡Oh
luz de las luces! Que mis enemigos no me arrebaten mi luz.
48. Y que
no digan entre sí: Nuestra fuerza se ha reforzado con su luz.
49. Y que
no digan: Hemos devorado su fuerza.
50. Sino que
las tinieblas los rodeen y hagan impotentes a aquellos que me quieren robar
mi luz.
51. Y que
aquellos que dicen: Nosotros hemos robado su fuerza y su luz, sean hundidos
en el caos y en las tinieblas.
52. Sálvame,
para que yo sea en gozo.
53. Porque
yo aspiro a la trecena región de los eones, que es la región
de la justicia.
54. Y para
que yo diga a toda hora: La luz de Ieû, tu ángel, irá
aumentando de brillo.
55. Y mi lengua
cantará eternamente tus alabanzas en la decimotercera región
de los eones.
Jacobo explica el significado de la novena plegaria de la Sabiduría fiel, y María interpreta las palabras de Cristo
XVI 1.
Y cuando Jesús hubo dicho estas palabras a sus discípulos,
dijo: Que aquel que entre vosotros haya comprendido nos dé la explicación.
2. Y Jacobo
se adelantó y abrazó el pecho de Jesús.
3. Y dijo:
Señor: tu soplo me ha infundido inteligencia y estoy presto a explicar
lo que nos has dicho.
4. Porque
es respecto a esto lo que profetizó tu fuerza, mediante la voz de
David, en su salmo treinta y cuatro.
5. Diciendo:
Juzga, Señor, a aquellos que me agravian, combate a aquellos que
me combaten.
6. Y cuando
Jacobo hubo hablado así, dijo Jesús: Tú has hablado
bien, Jacobo.
7. Porque
ésa es la explicación de la novena súplica de la fiel
Sabiduría.
8. Y en verdad,
en verdad os digo, que vosotros entraréis conmigo en el reino de
los cielos antes que todos los invisibles y todos los dioses y todos los
archones que están con el eón trece y con el eón doce.
9. Y no solamente
vosotros, sino todo el que haya practicado mis misterios.
10. Y cuando
el Salvador hubo hablado así, dijo: ¿Comprendéis lo
que acabo de decir?
11. Y dijo
María: Señor, es lo que nos has dicho otras veces.
12. Que los
últimos serán los primeros y que los primeros serán
los últimos.
13. Porque
los creados antes que nosotros son los invisibles, pues que existieron
antes que el género humano.
14. Y los
dioses, y los archones, y los hombres que reciban tus misterios entrarán
los primeros en el reino de los cielos.
15. Y dijo
Jesús: Así es, María.
El primer ministro envía a Jesús para socorrer a la Sabiduría fiel
XVII 1.
Y Jesús prosiguió hablando a sus discípulos.
2. Y dijo:
Y ocurrió que cuando la fiel Sabiduría hubo elevado su novena
plegaria, la fuerza que tenía rostro de león la atormentó
con más fuerza.
3. Y le quería
arrebatar su luz. Mas la Sabiduría fiel se dirigió, clamando,
hacia la luz.
4. Y dijo:
Luz en la que he creído desde el principio, y por la que he sufrido
tantos dolores, ven y socórreme.
5. Y su
ruego fue entonces atendido.
6. Porque
el primer misterio lo oyó y me envió a mí para asistirla.
7. Y vine
para ayudarla y la reconduje en el caos.
8. Porque
había sufrido grandes penas y aflicciones a causa de su fe en la
luz.
9. Y así,
fui enviado por el primer misterio para socorrerla en todo.
10. Y aunque
yo no había ido aún al mundo de los eones, sobrevine entre
todos ellos.
11. Y ninguno
de ellos lo supo, ni los que pertenecen a lo interior de lo interior, ni
los que están en lo exterior de lo exterior.
12. Y todo
lo sabía el primer misterio. Y cuando llegué al caso para
ayudarla, ella me vio.
13. Porque
yo resplandecía con una gran luz y me presentaba misericordioso.
14. Y no me
presentaba altanero, como la fuerza con faz de león que arrebaté
la fuerza y la luz a la Sabiduría, y que la atormentó para
quitarle cuanta luz había en ella.
15. Y me vio
brillando con una luz diez mil veces más poderosa que la de la fuerza
con rostro de león.
16. Y comprendió
que yo venía de las regiones superiores, en cuya luz ella había
tenido fe desde el comienzo de las cosas.
17. Y la fiel
Sabiduría tuvo entonces confianza y elevé su décima
súplica.
18. Y dijo:
Yo he clamado a ti, luz de las luces.
19. Y en mi
aflicción me has oído; preserva ahora mi fuerza de los labios
injustos y engañosos.
20. Porque
estoy envuelta en las asechanzas y calumnias de los orgullosos y de los